
Hay pibes de la calle que esta noche lo esperarán. A la intemperie, juntando cartón y papel, llenando los carritos y aguzando la vista, por las dudas que aparezca. Un Papá Noel villero, cartonero como ellos, vistiendo pilchas recicladas y algo más livianas que su opulenta réplica nórdica.
Los policías de Macri tal vez le pidan documentos y no faltará alguno que se lo quiera llevar preso por merodeo y cirujeo. Los habitantes de Recoleta y Puerto Madero darán precisas instrucciones a sus guardias privados para que no dejen pasar a un viejo mal entrazado que anda por ahí repartiendo pelotas de goma y muñecas de trapo.
Pero no habrá quien pueda con el viejo. Y llegará a los pibes, a su intemperie, a su pibitud intacta y por un rato, mientras en las casas se reparten regalos, habrá picados nocturnos, guarderías con muñecas rubias acunando a las morochas, aunque unas sean de plástico abollado y las otras de piel, carne y huesos fosforescentes, prendiéndose y apagándose como luciérnagas, como arbolitos de una navidad pequeña, cartonera, villera, azúcar triste y madrugada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario