domingo, febrero 12, 2012

¿HASTA CUÁNDO?

Video producido por Almodóvar.

viernes, febrero 10, 2012

VIUDAS



Queda bien hablar bien de Borges y mal de María Kodama. Incluso los que no han leído a Borges lo ensalzan mientras denigran a su compañera y viuda. Es lo mismo que le sucede a cualquier pareja que supere los tres meses de prueba y siga. Hay una cierta malevolencia en la mirada que echamos sobre aquellos que, por amor, tozudez o conveniencia, permanecen juntos o así lo declaran. No les creemos.
De Borges, aceptamos a regañadientes que haya sido un capo en lo suyo, un discriminado por la academia sueca, un ciego luminoso. Pero nos da en el quinto forro que se le haya pegado como ventosa una ex alumna y lo haya convencido de que podían vivir juntos. No sabemos con qué argumentos o turbios procederes lo logró, pero ahí estuvo, a su lado en Ginebra y ante el último aliento.
Ahora, su última viuda defiende a capa, espada y abogados el uso de todo lo que Borges haya escrito y de lo que pueda cobrar derechos. Esto sucede mientras el “gran debate” gira en torno de si los escritores debemos cobrar por nuestra tarea o resignarnos a que nuestros intrascendentes trabajos se difundan por redes y redecillas de oportunistas cibernéticos.
Ya quisiera yo –preferiblemente, antes de morirme- una viuda como Kodama.

martes, febrero 07, 2012

BARAJAS


Aterricé en Barajas. El viaje fue breve –menos de las doce largas horas que depara cruzar el charco. La máquina no fue un boeing ni un airbus, sino la novela de Alejandra Zina.
Vuelo sin miedo a la altura, aunque sujeto a turbulencias propias de una historia personal que necesita, como las neuronas, de conexiones dendríticas. Porque son esas otras historias las que chisporrotean, electrizan el texto donde una “aeromoza” –azafata, les decimos de este lado del charco- se despacha con sus obsesiones y recuerdos.
No hay bajones, pese a las turbulencias. Diálogos ligeros y, como tales, engañosos, porque sugieren o refieren una frivolidad que se contradice con el filo que abre heridas y hasta se ensaña con algunas cicatrices.
La azafata se las ingenia, en la novela de Zina, para conducirnos en un viaje introspectivo salpicado de fuegos: artificiales, muchos de ellos, regocijantes. Y naturales, algunos, intensos como el capítulo “Hay hombres que se arrodillan a tus pies”.
Un crítico pedorro diría “muy recomendable para leer en la playa”.
Yo, que no soy crítico, te digo que tenés todo el año para leerlo. Y si no fuiste a la playa, subite a la montaña, no vas a perderte nada, incluso vas a estar más cerca porque Zina vuela alto.
Si fuera pedorramente crítico diría que “Barajas trasunta un clima almodovariano”. Y bueno, quién te dice. Pero hasta si no te gusta Almodóvar te va a gustar Zina.
Locuaz, aguda, excitante y por momentos melancólica, “Barajas” es una divertida y bella manera de viajar aunque no esté en tus planes llegar a España.

Editó Plaza & Janés, 252 páginas, $ 65.

sábado, febrero 04, 2012

FANTASMAS DEL MEDIODÍA


Sábado, calor, sequía, sol implacable. Hay menos turistas, a mi perro viejo le cuesta levantarse, camina lento aunque sin bastón. Mi gata, en sus reflexiones.
Leo que la Academia, que la nueva literatura, que la vieja. Y no me encuentro.
Los espejos todavía me reflejan -no soy vampiro... aún.
Hay clanes, sectas y sectarios. Me acuerdo del "Club del Clan": en aquél por lo menos cantaban. Y aullaban perros como Lalo Fransen, es verdad, o Nicky Jones y el Palo Ortega. Juventud maravillosa que se volvió senectud decrépita. Todo envejece, poco cambia y la condición humana se deshidrata.
Cuando fui joven lo fui demasiado y cuando fui viejo llegué tarde.
Pronostican viento norte, fardos rodando, malos recuerdos, fantasmas del mediodía.

lunes, enero 30, 2012

VIAJES 2: "UN HOMBRE LIBRE"


En diciembre de 2004 me crucé con el tipo. Un desconocido que, como yo, viajaba de regreso a Córdoba, desde Buenos Aires, en ómnibus.
Una bestia que roncaba en la fila de adelante nos impedía dormir, nos levantamos en busca de un whisky, en el barcito que llevan esos bondis que se dicen de lujo.
Ahí abajo –son ómnibus de dos pisos, casi tan grandes como el Costa Concordia- el tipo me contó que venía de separarse de su mujer, había salido por fin la sentencia judicial, soy un hombre libre, me dijo. La mujer le había pedido el divorcio cuando el tipo, que tenía una pequeña empresa de autopartes, se fundió. Pleno 2001, el corralito, la patria financiera, los bancos que se comieron la plata de giles como él.
Mi amigo –tenía un amigo- se llevó toda la plata afuera. A él le avisaron –dijo-, a mí también, te soy honesto, pero no pude creer que fueran capaces.
El amigo que había tenido era su socio. La que le avisó fue la mujer del amigo, pero él no sólo no le creyó: también rechazó su invitación de encontrarse, tomar algo, estoy tan harta de él.
-¿Te das cuenta, flaco?- me dice, sirviéndose ya el segundo vaso: -Por no garcarlo a mi amigo, no sólo no me cojí a su jermu, que estaba rebuena, sino que dejé la plata en el banco.
El ómnibus da un barquinazo para esquivar a un perro en la ruta, el whisky salta de los vasos, el tipo aprovecha para dejar el suyo a un lado y, mirándome como si nos conociéramos, dice:
-Hay que ser pelotudo, ¿no?
No sé cómo quitármelo de encima, qué decirle, sólo quiero llegar a Córdoba, no arreglarle la vida a un desconocido.
-Qué sé yo- digo, -es un país difícil, la Argentina.
–De mierda- dice, -un país de mierda.
Sube a su asiento y ahí nomás se queda dormido. Ronca ahora tan fuerte como la bestia de la fila de adelante.
Llego a Córdoba sin pegar un ojo, el tipo se baja sin mirarme.
Me quedo pegado al asiento hasta que uno de los choferes me descubre y dice oiga, ya llegamos, ¿o quiere seguir viajando?

martes, enero 24, 2012

CIRUGÍA MAYOR


Un buen cuento se acaba de golpe y el primer sorprendido sos vos cuando al escribirlo especulabas con transformarlo en otra cosa pero te encaja una bofetada como diciendo hasta acá llegué.
Una novela, en cambio, buena o mala, se parece más a la cirugía mayor: llega un momento en que tenés al paciente despanzurrado y bien dormido, cortaste por lo sano y por lo enfermo, y llega la hora de ir cerrando. Trabajo duro, meticuloso, con la sensación de haberte olvidado adentro algún escalpelo. Pero hay que cerrar porque tenés un editor esperando y vos te propusiste ser rico, famoso y tener muchas minas con la literatura.
Ya se encargarán -algún crítico y tus amigos- de avisarte que el paciente está sangrando.