
Escribí, en julio de 1982, que Malvinas fue "una guerra de expiación". En ella, gran parte de la sociedad argentina y la junta militar intentaron limpiar los crímenes cometidos y tolerados por una mayoría -y aplaudidos por una nutrida minoría- con una acción militar que aprovechó el sentimiento anticolonialista que aprendemos desde pibes. Era difícil en esos días, muy difícil, oponerse a la "recuperación" en medio de la publicidad triunfalista de los medios y de una locura que había ganado a grandes masas -el apoyo a Galtieri en Plaza de Mayo no fue organizado por Fuerza Bruta-. Para dibujar con trazo aún más grueso el mamarracho, era año de Mundial -en España-. La derrota de la selección de fútbol y la sensata rendición de las islas por parte de su "gobernador militar" Menéndez acabaron con ese triunfalismo y la junta entró en su eclipse.
Pasaría todavía más de un año hasta la convocatoria a elecciones generales y un intento de auto exculparse por parte de los militares que la democracia derogó de inmediato -gobierno de Alfonsín, el tan criticado luego por las leyes de punto final y obediencia debida, que debió soportar una sucesión de intentonas militares y de paros generales durante su acosado mandato.
Todo es y será historia. Creo que los pibes tienen que conocerla, estudiarla, razonarla, opinar con la mayor libertad a la que podemos aspirar, un ejercicio que no puede instrumentarse si no se cuenta con toda la información.
No hubo "militares buenos" y "militares malos", sino que las fuerzas armadas fueron tradicionalmente la herramienta de los golpistas en América latina y en nuestro país. La masacre iniciada con toda la furia en 1976 contó con asesoramiento y planificación extranjera -Estados Unidos, desde su Escuela de las Américas, la acción de la diplomacia yanqui por la cual Henry Kissinger recibiría el "Premio Nobel de
Muchos de los "héroes de Malvinas" que perdonó Alfonsín en 1986 fueron represores y torturadores de civiles. Y de soldados en las islas, a los que estaqueaban en pleno invierno austral.
Recién a partir de la rendición incondicional, los soldados argentinos tuvieron acceso a cobijo y comida caliente, y a un trato humanitario. Por parte de los ingleses, claro.
¿Qué celebramos?
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