
Aburrimiento post alimenticio, molicie digestiva –finalmente indigesta-, caigo a menudo, frente al televisor, en el programa “24 Horas” de
Anoche, un gurucito financiero, sometido al interrogatorio de un grupo de periodistas. El tipejo, dando cátedra de lo que espera a las naciones que no cumplan con el ajuste. Y cuando se habla de “naciones”, se habla de los pueblos, de la gente del común, de los “parados” y de los que todavía andan.
Temerosos, los periodistas le preguntan al tipejo si a España le podría pasar lo que a Grecia y a Portugal. Responde el tipejo y hace lo suyo, en anteriores declaraciones, la vicejefa o algo así del gobierno “socialista”. “Nooooooooooooo, a España noooooooo…”
Me causa gracia, tristeza, abulia y al final la indignación amenaza convertirse en la furia de Pink Floyd contra el sistema opresor. Porque España –sus intelectuales, sus dirigentes, sus políticos de izquierda si los hay- no acaban de ver la pata de la sota. Hay quien habla, con buenas intenciones, del ejemplo de Islandia, y de que España debería seguirlo. Pero España no es un pequeño país de cazadores de ballenas sino una nación compleja, diversa, en permanente ebullición y rebeldía. España es América latina, es África y a veces también es Europa, pero no
Tal vez la necesidad de sentirse europeos esté demorando un sinceramiento en la mirada de España frente al espejo.
Pero ojo, cuidado, atenti con la crisis de Pink Floyd, con el grito de Munch, con el alarido de las víctimas.
Dejen de preguntarle al verdugo cómo prefiere ejecutarlos.
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