
Cuando estás harto de la propaganda oficial y de las descalificaciones de la oposición, cuando te sacudieron que
No hace falta que cruces
Y si cruzás a lo que llaman conurbano, agarrate catalina aunque no seas Catalina. Barrios superpoblados de indigentes, refugios de narcos, dormideros de un proletariado que sobrevivió a las promesas, que intenta organizarse para que el delito de uno y otro bando no se los lleve por delante.
Y si salís de la ciudad-puerto y te internás en las provincias vas a ver los palacios de los dueños de la soja y los ranchos de los trabajadores rurales, y la misma pobreza que viste hace cuarenta años cuando te prometían y vos mismo te prometías que todo iba a cambiar, que la siguiente década sería socialista.
No hubo socialismo, ni el capitalismo civilizado que los fascistas disfrazados de demócratas clamaban defender. Hubo represión salvaje, ahogo económico, terror, iglesia católica, una guerra y otra que casi.
Cuando ves a la izquierda prometer una revolución que estaría a la vuelta de la esquina pero das vuelta a esa esquina y no está, y tampoco está la izquierda sino grupos que se disputan ferozmente la hegemonía y se reclaman poseedores de una doctrina y una práctica indiscutibles, es cuando pegás la vuelta, cansado de andar.
Y a la tele, a la notebook y a los diarios que se salvaron del incendio.
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