Escribes que no puedes, aunque dejas entender que podrías si quisieras. Pero no quieres. No quieres con más pasión -¿o empecinamiento?- de lo que no puedes. Y si no quieres, no puedes ni dejas al otro que siquiera se atreva. Y te consuelas gritando dolores ajenos, riéndote de lo que no tiene gracia, y vives sin gracia, ajena al dolor que podría corresponderte, al placer que no quieres para nadie, empezando por ti.
En ‘Tierra de nadie’, terreno del mejor thriller
Hace 2 días
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