jueves, enero 24, 2013

DUELO A LAS OCHO


El encuentro, cita, duelo o lo que fuera lo habíamos convenido a las ocho de la noche, en lugar apartado aunque cercano a una sala de primeros auxilios.
El tema a discutir es viejo como el mundo y acaba mal, nunca hay acuerdo, qué acuerdo puede haber cuando la cuestión a dilucidar es el amor de una mujer bella. El progresismo dirá lo que dice pero dos machos que disputan una hembra no se atienen a reglas y costumbres, supongo que es atávico y que en la selva los monos aplaudirían al ganador, si sobreviviera.
Estuve a las ocho en punto.
Fumé tres cigarrillos y me senté en el pasto –dije que era un lugar apartado- a mirar el firmamento. Si el hijo de puta se atreve a venir –pensaba-, quiero por lo menos haber visto brillar a Venus.
Ni Venus ni duelo, se nubló y el tipo no vino.
Pensé, qué cagón.
Después supe que antes de las ocho la mujer bella le había dicho que lo amaba.

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