
Hace hoy 54 años, aviones de la marina de guerra argentina bombardearon y ametrallaron la casa de gobierno y sus alrededores, o sea, la Plaza de Mayo, la misma que dos décadas más tarde fatigarían en busca de respuestas para su dolor las madres de desaparecidos, las heroicas Madres con mayúscula.
Se recuerda, y con justicia, el bombardeo nazi a Guernica. Los argentinos no tuvimos nuestro Picasso. Y la dictadura de entonces, que asaltó el poder tres meses más tarde autodenominándose "Revolución Libertadora", prohibió hasta mencionar el nombre del "tirano" que había sido elegido democráticamente en dos oportunidades.
Alrededor de trescientos ciudadanos, hombres, mujeres y niños, quedaron tendidos sobre las calles que la rodean y en la propia Plaza, la misma en la que, dicen, allá por 1810 se habrían reunido los vecinos de lo que entonces era una aldea del virreinato, para tratar de averiguar qué se tramaba en el Cabildo.
Aquel cruento bombardeo fracasó porque Perón sobrevivió y regresaría, dieciocho años más tarde, en brazos de su pueblo.
Los gobiernos que mal o bien defienden intereses populares pueden ser tumbados con campañas de desprestigio, acoso económico o, cuando todo parece no ser suficiente, a sangre y fuego. Eso hicieron los poderosos de entonces.
Aquel 16 de junio de 1955, Buenos Aires fue Guernica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario