Otra supuesta urgencia. Sale, el exorcista, con su equipo de siempre. "No olvides el crucifijo", le recuerda su amante y él, harto: "No me esperes despierta". Ha conseguido, al menos, que ella no lo acompañe a cada exorcismo. Le costó convencerla de que es asunto de trabajo, que no hay otra mujer esperándolo, sólo el diablo, el viejo y cansado diablo que, como el exorcista, está harto de su oficio de poseer aquello que no desea.
sábado, noviembre 13, 2010
EXORCISMOS
Otra supuesta urgencia. Sale, el exorcista, con su equipo de siempre. "No olvides el crucifijo", le recuerda su amante y él, harto: "No me esperes despierta". Ha conseguido, al menos, que ella no lo acompañe a cada exorcismo. Le costó convencerla de que es asunto de trabajo, que no hay otra mujer esperándolo, sólo el diablo, el viejo y cansado diablo que, como el exorcista, está harto de su oficio de poseer aquello que no desea.
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